Relato erótico muy especial

Quedaron que se verían en el último metro. Aquel que cuando pasa por las estaciones va pitando para avisar de que no llegarán más detrás de él. El último vagón del último metro.

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No sabían qué cara tenían ya cuando se veían la cámara solo enfocaba más abajo de su cintura. Un poco tal vez por encima de la de ella, pero básicamente entre las piernas.

Él le mandó un regalo. Solo era una parte, una de las dos mitades. La otra la llevaría él.
Tu te subes en el metro con el vibrador puesto y cuando yo llegue acciono el mando. Si te reconozco te juro que te lo como ahí mismo, le promete él cuando le manda el paquete.

Ella accede, cómo no. Sus juegos le gustan mucho y esta propuesta más. Sexo en público y con un desconocido. Genial.

Ella sube al metro en la primera estación del recorrido. Lleva el vibrador puesto esperando a que llegue él con el mando a distancia.

En la siguiente estación sube bastante gente y ella siente cómo empieza a vibrar el aparato. Le gusta. Pero trata de disimular. Lleva una falda corta, no se ha puesto bragas. Sabe que le gustará.

Le reconoce enseguida. El chico lleva la mano en el bolsillo y mira una por una la cara de las pasajeras. Ella había aprendido muy bien como seducir a tu chico, por lo que iba a aplicar todos estos conocimientos

Se decide por una que le sonríe cuando él la mira. Tiene que ser esta, piensa él. Poco a poco a medida que sube la intensidad del vibrador se acerca a ella.

Ella le sonríe de nuevo, tiene cara de guarrilla. De hecho separa un poco las piernas cuando él se acerca a ella. A él no le cabe duda.

Se para frente a ella, ella observa su erección, le guiña un ojo. Pero él no se conforma y le hace un gesto para que le de su mano. Ella accede,  sabe dónde quiere ponerla él.

– Así es como me pones.
De momento nadie parece observarles, él se lleva de nuevo la mano al bolsillo y aplica la intensidad máxima. Se arrodilla mientras ella, que ya ve lo que él quiere hacer, mira a su alrededor algo alarmada. Pero qué demonios, viene de fiesta, ha bebido demasiado y esta noche no ha ligado. Separa sus piernas y él ya de rodillas, pone las manos bajo su falda y le baja las bragas lentamente.

A ella se le humedece todo en un instante. La respiración entrecortada y todavía no ha empezado…

Al lado de esta chica viaja un chico que alucina. Se aparta un poco para dejar espacio a las piernas de la chica que se separan para acoger la cabeza de ese desconocido.

– Siiiii – ella cierra los ojos y disfruta de la sensación. Le da igual que la miren, le da igual todo.

El compañero de asiento trata de mirar para otro lado pero es incapaz. Su tejano se abulta por momentos, al final del vagón un chico le pide a su novia que se la chupe y ella, cómo no, se anima. Qué demonios, este es el último metro.

Sobre la mitad del vagón otra chica se levanta, se acerca al chico, todos esperan ver qué va a hacer, ¿pedirá unirse a la fiesta?

– Te has confundido de tía. Me bajo en la próxima estación. Pero ha sido divertido.

 

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